Sobrecarga sensorial:

Cuando el mundo se vuelve demasiado

A veces ocurre en el aula. Otras, en un supermercado, en una fiesta o incluso en casa. Todo parece estar bien, hasta que no lo está: el niño se tapa los oídos, grita, se bloquea, se tumba en el suelo o estalla sin aviso aparente.

¿Qué ha pasado? ¿Es un berrinche, una rabieta? No. Probablemente es una sobrecarga sensorial.

¿Qué es una sobrecarga sensorial?

Las personas con TEA procesan el entorno de forma distinta. Esto significa que lo que para ti puede ser un simple ruido de fondo, una luz de techo o una etiqueta en la camiseta, para alguien con autismo puede ser un estímulo insoportable.

La sobrecarga sensorial ocurre cuando el cerebro recibe más información sensorial de la que puede gestionar al mismo tiempo. Es como si se encendieran todos los focos, los altavoces y los olores al máximo… y no pudieras apagarlos.

 

Tipos de estímulos que pueden provocar sobrecarga

  • Auditivos: ruidos intensos, repetitivos o impredecibles (campanas, timbres, llantos, tráfico).
  • Visuales: luces brillantes, parpadeantes, colores muy intensos, movimiento constante.
  • Táctiles: texturas incómodas, etiquetas, contacto físico inesperado.
  • Olfativos y gustativos: olores fuertes, alimentos con mezclas de texturas.
  • Propioceptivos y vestibulares: cambios de postura, pérdida de equilibrio, mareo en movimiento. 

 

¿Qué ocurre durante una sobrecarga?

Cada persona lo manifiesta de forma distinta, pero algunos signos comunes son:

  • Irritación o agitación repentina.
  • Gritos, llanto, negación a continuar.
  • Taparse los oídos o los ojos.
  • Escaparse, esconderse o quedarse inmóvil.
  • Autolesiones (golpearse, morderse, rascarse).
  • Mutismo temporal o bloqueo emocional.

No es manipulación. No es “un espectáculo”. Es un mecanismo de defensa.

 

¿Qué puedes hacer ante una sobrecarga?

  • Evita hablar más, regañar o razonar en ese momento.
  • Retira o acompaña a la persona a un espacio tranquilo y seguro.
  • Respeta su necesidad de silencio, tiempo o contacto mínimo.
  • Ten a mano reguladores sensoriales (auriculares, gafas oscuras, pelotas antiestrés, pictogramas, etc.).
  • No tomes nada como algo personal. No es contra ti. Es con el entorno.

 

¿Se puede prevenir?

Sí, en muchos casos:

  • Anticipando situaciones (historias sociales, pictos, horarios).
  • Evitando entornos con muchos estímulos (centros comerciales, ferias, salas cerradas).
  • Ofreciendo estrategias de autorregulación.
  • Conociendo los límites de la persona con TEA (¡y respetándolos!).

 

En La Guía Azul...

Queremos dar herramientas reales a familias, centros y entornos públicos para que la sobrecarga sensorial no sea vista como una crisis inexplicable, sino como lo que es: una respuesta legítima a un entorno hostil.

Si educamos desde la empatía, el mundo no tiene por qué ser tan ruidoso.

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  • Visuales: luces brillantes, parpadeantes, colores muy intensos, movimiento constante.
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  • Olfativos y gustativos: olores fuertes, alimentos con mezclas de texturas.
  • Propioceptivos y vestibulares: cambios de postura, pérdida de equilibrio, mareo en movimiento. 

 

¿Qué ocurre durante una sobrecarga?

Cada persona lo manifiesta de forma distinta, pero algunos signos comunes son:

  • Irritación o agitación repentina.
  • Gritos, llanto, negación a continuar.
  • Taparse los oídos o los ojos.
  • Escaparse, esconderse o quedarse inmóvil.
  • Autolesiones (golpearse, morderse, rascarse).
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No es manipulación. No es “un espectáculo”. Es un mecanismo de defensa.

 

¿Qué puedes hacer ante una sobrecarga?

  • Evita hablar más, regañar o razonar en ese momento.
  • Retira o acompaña a la persona a un espacio tranquilo y seguro.
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¿Se puede prevenir?

Sí, en muchos casos:

  • Anticipando situaciones (historias sociales, pictos, horarios).
  • Evitando entornos con muchos estímulos (centros comerciales, ferias, salas cerradas).
  • Ofreciendo estrategias de autorregulación.
  • Conociendo los límites de la persona con TEA (¡y respetándolos!).

 

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